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Jueves, 09 de marzo de 2017 
Reportaje, La Tercera
Entre la langosta y un trato especial
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El buen precio de la langosta ha dejado rentas millonarias a algunos pescadores de Juan Fernández. Pese a la bonanza, se respeta la tradición de una explotación sustentable. Los isleños pidieron esta semana al gobierno un plan de acción para mejorar sus condiciones de vida.

Autor: Víctor Cofré

"La vida de Isla de Pascua es el moai. La vida de Juan Fernández es la langosta", dice en su lancha el patrón de pesca y armador Daniel Paredes González, un isleño de palabra fácil que en los 80 estudió Turismo y estuvo en el Ejército, que años más tarde fue concejal y que terminó desencantado de la política. Paredes es uno de los casi mil habitantes de la Isla Robinson Crusoe, la más habitada de las tres islas del Archipiélago Juan Fernández, a 670 kilómetros del continente. Paredes cuenta eso y muchas otras historias. Muestra, por ejemplo, la bandera que identifica a los fernandecianos, que incluye los colores del mar y una estrella de ocho puntas que simboliza el número de nacionalidades que inició la colonización de la isla hace más de un siglo. Fue una veintena de familias que ha dejado descendencia y cuyos apellidos identifican hoy a casi todos los habitantes de la isla. Están los Recabarren, los Paredes, los Charpentier, los López, los Rivadeneira, los Avendaño, los De Rodt, los González. Los clanes se han mezclado y por ello todos se presentan con sus dos apellidos. Todos, pescadores, comerciantes, autoridades, pertenecen a una de esas familias y cada uno conoce su propia historia.

Los habitantes de Robinson Crusoe viven básicamente de la pesca, la que representa el 75% de la actividad económica. Siete de cada 10 familias basan su economía en los recursos del mar, cuyo principal producto es la langosta, un crustáceo que la comunidad intenta explotar de modo sustentable y cuyo precio saltó en los últimos años por la demanda de China. El resto lo aportan los servicios públicos y el turismo, una industria que se aletargó tras el tsunami de 2010 y el accidente del Casa 212, pero que repuntó y hoy intenta crecer.

Esta semana viajó a la isla el ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, quien jugó fútbol y conversó con los lugareños. La Tercera estuvo en algunas de esas actividades, invitada por Cancillería y National Geographic, que hará un documental sobre el inexplorado ecosistema de la isla Alejandro Selkirk. Para promover su investigación, NatGeo llevó también a su embajadora, la actriz Leonor Varela.

"La isla apocalíptica"

Juan Torres de Rodt, 41 años, recuerda que un canal internacional hizo un reportaje en el que identificó a Robinson Crusoe como "la isla apocalíptica". Ocurrió tras el tsunami y el accidente en que fallecieron Felipe Camiroaga y Felipe Cubillos. Torres, descendiente de un suizo que estuvo entre los primeros colonizadores, hoy presidente del gremio del turismo en la zona, se queja de una estigmatización que dañó la industria. La temporada que siguió al accidente del 2 de septiembre de 2011 el turismo cayó a una décima parte, por el temor a llegar por vía aérea.

Los visitantes eran, antes de esa fecha, 3.000 por temporada, muy lejos de los 120 mil que recibe Isla de Pascua. La cifra se ha recuperado y en la isla quieren más turistas. Pero tampoco tantos. "No queremos un turismo que nos sobreexplote, que sea avasallador. Que crezca paulatinamente. Esta isla es muy frágil", dice Torres de Rodt.

Lo refrendan todos: el poblado de San Bautista no tiene alcantarillado, tiene un abastecimiento precario de agua y luz, no hay edificio municipal -el que se construía está sin terminar por la quiebra de la constructora que lo levantaba-, ni centro cultural. Robinson Crusoe ofrece actividades alojadas en el turismo aventura: buceo, trekking, pesca deportiva.

El presidente de los empresarios turísticos saca cuentas: a la isla vuelan tres aerolíneas y se hacen de tres a cuatro vuelos por semana. No más de 50 visitantes cada siete días. Y el pueblo tiene una oferta de 230 camas, dice para graficar el espacio de crecimiento -controlado, repite- del turismo en la isla. Una de las cosas que se requieren es invertir aun más en el aeródromo, para ampliar su capacidad de recepción.

Hasta $ 20 millones al mes

"Yo nací pescador", dice Daniel González Aguirre, quinta generación en la isla, cuarta generación de dirigentes sindicales. González estudió y trabajaba en el continente, en el Banco Santander. Decidió volver tras el tsunami que dejó 10 muertos y seis desaparecidos. Ahora lidera el sindicato de pescadores, un sector que ha mejorado sus condiciones por el alza del precio de la langosta, que hoy se transa a $ 17 mil la unidad, por la demanda china, que consume el 90% de la extracción del archipiélago. Cuatro años atrás, cada ejemplar se vendía a unos $ 9 mil.

El alcalde Leopoldo González Charpentier dice que fueron los chinos los que ofrecieron ese nuevo valor, atractivo y rentable. "En la isla Selkirk, hay pescadores que han ganado en el mes hasta $ 22 millones", cuenta el edil. Lo confirman otros isleños que aclaran que la suerte no toca a todos por igual y que recuerdan que los pescadores tienen cinco meses sin trabajar por la veda.

El ingeniero pesquero Pablo Manríquez Angulo, 33 años, un isleño que estudió en el continente y que hoy trabaja con Nat Geo, ha estudiado las pesquerías de Juan Fernández. Dice que existen 271 pescadores inscritos y que la comunidad ha preservado su recurso. En los años 20, una conservera explotaba indiscriminadamente la langosta de Juan Fernández. En los 30, cuenta Manríquez, los propios pescadores se autoimpusieron reglas de conservación: no pescar hembras con huevos y respetar un tamaño mínimo de extracción de 115 milímetros de logitud cefalotorácica. "Esta pesquería no tiene cuotas, pero los pescadores siempre han respetado sus reglas", asegura. Admite que en este temporada ha habido una bonanza en la zona de Selkirk, a 90 millas náuticas de Robinson Crusoe, pero que ello no se ha repetido al mismo nivel en esta última o en las Islas Desventuradas. Las tres áreas son los subsistemas donde los pescadores se han asignado lugares de pesca en un sistema informal denominado "marca".

"El mar te da lo que quiera darte", plantea el presidente del sindicato. Pero independiente del volumen de extraccción, todos se han beneficiado del buen precio. "La comunidad tiene un buen pasar económico. Cuando la pesca anda bien; todo anda bien", analiza Felipe Paredes Vergara, 31 años, el joven ex alcalde del cuetrienio 2012-2016. Paredes fue el concejal que llamó al continente apenas ocurrió el tsunami y el último en ver en el aire al Casa 212. Paredes, hijo de Daniel Paredes, se embarcó el miércoles en el Plan B, el barco que National Geographic empleará en su expedición científica a la isla Selkirk.

National Geographic Pristine Seas financia, además, junto a la fundación Walton, un proyecto de trazabilidad de la langosta que permite registrar cada ejemplar desde su origen hasta el fin de la cadena de comercialización. El proyecto comenzó en 2016, cuenta el ingeniero Manríquez, sustentado en la evidencia del buen manejo: en enero de 2015, Juan Fernández fue la primera pesquería artesanal en el mundo en obtener la certificación más alta a nivel mundial, la MSC (Marine Steward ship Council). En la temporada 2014-2015 la captura ascendió a 114 mil langostas y en la 2015-2016 llegó a 137 mil unidades. Manríquez dice que los pescadores se percatan que en cuatro años, capturado lo mismo, han casi duplicado sus ingresos, pero cree que ello no producirá una sobreexplotación. "Por lo mismo, cuidan el recurso", agrega.

A ello se agrega que el gobierno creó en enero el Area Marina Costera Protegida de Juan Fernández, de 11 mil kilómetros cuadrados protegidos, lo que se suma a Parque Nazca-

Desventuradas, de 300 mil kilómetros. Heraldo Muñoz destacó en su visita que, con ello, Chile tiene 12% de su superficie marina protegida.
Alex Muñoz, director para América Latina de National Geographic Pristine Seas, resalta que las áreas protegidas ayudan a recuperar pesquerías y tienen un efecto rebase en la reproducción

del producto, que beneficia a los propios pescadores. "En el 97% de los mares del mundo se puede pescar", ejemplifica Muñoz.

Las demandas

El alcalde Leopoldo González Charpentier es cuarta generación en Juan Fernández, pero ha sido alcalde de la comuna durante más de 20 años. Primero, entre 1992 y 2012, siempre como independiente RN. El alcalde González volvió en 2016 y ahora cursa su sexto período al mando. Dice que no tiene ánimo de polemizar, pero cree que el alcalde y el concejo anterior se equivocaron al declarar persona non grata a las autoridades del continente. Tenían buenas intenciones, dice, pero también inexperiencia. "No podemos morder la mano que nos da de comer.

Yo no soy político, agradezco desde la UDI hasta el PC si hacen algo por la isla", dice antes de detallar los $ 8.000 millones que el Estado entrega a la isla en educación, salud, subsidios de transporte aéreo y transporte marítimo de carga.

Pero la isla quiere más. Esta semana cuatro organizaciones -el sindicato y la agrupación de pescadores y los gremios del turismo y de los artesanos-entregaron una carta de dos páginas al canciller Muñoz pidiendo "un plan de acción que incluya iniciativas para mejorar las condiciones actuales de nuestra comuna, sin dejar de lado que la conservación de este territorio insular es nuestra mirada de desarrollo local". En los próximos meses, la comunidad pretende entregar una propuesta de conservación marina que nazca de un proceso participativo y democrático. "Sr. Muñoz, queremos pedirle que nos ayude a concretar este sueño", dice la misiva de la comunidad.

El alcalde no estuvo en esa reunión, pero suscribe la demanda por un estatus especial. González Charpentier recuerda que hace unos años se crearon por ley los territorios especiales de Juan Fernández e Isla de Pascua, pero que aún faltan los reglamentos para operativizarlo.

El alcalde plantea tres deseos. Primero, controlar la llegada de futuros residentes. La isla transita entre 900 y 1.050 personas según sea verano o invierno y un estudio de la Universidad de Chile estimó que la carga máxima que soporta la isla es de 1.500 personas. "Somos 1.000 y ya estamos con el problema", dice el alcalde. Segundo, tener un gobernador insular, con oficinas de Extranjería, la PDI, Impuestos Internos y Seremías. "Determinar en nuestra propia tierra lo que queremos y no depender tanto del continente", define. Tercero, una exención de impuestos a los combustibles, lo que beneficiaría a los pescadores. "No estamos pidiendo nada extraordinario. Una exención de impuestos a los combustibles en una isla de 1.000 personas significa la nada misma", declama.