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Miércoles, 15 de marzo de 2017 
Columna, El Comercio de Perú
Nuevo rumbo del comercio en el Pacífico, por Heraldo Muñoz
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Este es el momento –y Viña del Mar el lugar– para comenzar a dar una nueva forma al futuro del comercio en el Pacífico

Por primera vez desde el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Cooperación Transpacífico (TPP), los ministros de Comercio y Relaciones Exteriores de los países firmantes de dicho acuerdo, así como también de otros países –incluidos Colombia, China y la República de Corea–, se reunirán este mes en Viña del Mar para discutir el futuro de la integración de la región Asia-Pacífico.

La prosperidad transpacífica es de suma importancia para Chile y otras naciones comprometidas con perseverar en un enfoque pluralista para la apertura del comercio en diversas modalidades, en el entendido que esta es la mejor forma de proteger intereses y principios.

La iniciativa de Viña del Mar, emprendida por Chile como presidente pro témpore de la Alianza del Pacífico, es un asunto de interés colectivo. Buena parte de la región del Asia- Pacífico reconoce al comercio como una fuerza que empuja el crecimiento y el empleo, por la vía del ingreso a un gran mercado. El comercio también facilita la internacionalización de pequeñas y medianas empresas, lo cual contribuye a un desarrollo equitativo y justo, y nos entrega la oportunidad única de aprender de las experiencias que la región ha acumulado en el área de cadenas de valor. El comercio no es un juego de suma-cero, todos podemos ganar (o perder), juntos.

Las iniciativas de integración regional, incluyendo la Alianza del Pacífico (AP), son fundamentales en la generación de crecimiento y oportunidades para sus miembros. La Alianza del Pacífico –formada por Chile, Colombia, México y Perú– representa casi un tercio del producto bruto interno de América Latina e incluye un creciente mercado de consumo de más de 214 millones de personas comprometidas con el comercio abierto y justo, y que trabajan para lograr el libre flujo de personas, bienes, servicios y capital. Recientemente, en una videoconferencia, los presidentes de la AP han dado una poderosa señal al acordar su disposición a negociar acuerdos comerciales con otros bloques y países.

Para ganar en el comercio, no es necesario estar de acuerdo en todo. Cada uno de los países tiene ideas distintas sobre cómo debe desenvolverse su política comercial. Pese a las diferencias, tenemos ante nuestros ciudadanos la responsabilidad de establecer agendas constructivas que los beneficien a futuro. Chile ha propuesto el concepto de “convergencia en la diversidad” para convenir una agenda común entre distintos bloques económicos regionales, como la Alianza del Pacífico y Mercosur. Este enfoque también puede ayudarnos a acercar ambos lados del Pacífico.

Chile continúa comprometido con trabajar pragmáticamente con nuestros socios del Asia-Pacífico. Un comercio abierto y pluralista nos permitirá acceder a enormes nuevos mercados, apostar por el éxito de nuestros vecinos y socios, y seguir normas de comportamiento comunes y acordes con el Estado de derecho. Este es el momento –y Viña del Mar el lugar– para comenzar a dar una nueva forma al futuro del comercio en el Pacífico.